«Todas las mujeres teníamos un mensaje claro: sí, se puede”

Con motivo de la campaña Mujeres Inspiradoras del Mundo, os presentamos a Noelia Galán, superviviente de cáncer de mama y participante del Reto Pelayo Vida 2018: recorrió más de 300 kilómetros de distancia en bicicleta de montaña, a través del valle del Annapurna, coronado por la décima montaña más alta de la Tierra (8.091 metros), en la cordillera del Himalaya.

Noe nos explica con detalle y coraje su historia. Por ella, por su madre, Amparo, y por todas. Con su mirada intensa, recuerda cómo sobrevivió al cáncer de mama y cómo en Nepal volvió a su esencia. Siempre luchando.

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“Me di cuenta de que tenia un ganglio en la axila del brazo derecho, miré por Internet y vi que podía ser cáncer de mama”. Lo era. En julio de 2017, con 38 años y dos niños pequeños, se lo diagnosticaron. “Cuando te dicen que tienes cáncer te cae un jarro de agua fría“, afirma. “Tuve una reacción rara, salí corriendo de la consulta médica con el sobre en la mano… Tenía pánico, estaba en shock, bloqueada. Tenía mucho miedo. Estuve tres días sin dormir, nerviosa, no podía decírselo a mi padre, ya que mi madre había muerto de cáncer de mama con 48 años. Se lo acabó diciendo mi marido“.

“Al tercer día, cuando fui a hablar con los médicos todo cambió. Al entrar, el ginecólogo Cortadellas me dijo: ‘Tú no eres tu madre, te vas a salvar’“. A partir de ese momento, Noe cogió la enfermedad con toda la fuerza del mundo y con toda la positividad posible.

El tratamiento y las secuelas

Noe no quería que el cáncer fuera un impedimento para seguir con su rutina. “Me levantaba y me iba repitiendo ‘no estoy enferma, no estoy enferma’. Me lo acababa creyendo“. Y añade: “Es fundamental la cabeza, el 80% es la actitud“.

“Ni un solo día me quedé en la cama. De hecho, mi hijo no sabe que estuve enferma… dice que estuve un tiempo sin pelo“. Las sesiones de quimioterapia fueron como una apisonadora, pero ella nunca tiró la toalla. En febrero de 2018 se llevó a cabo la operación y acabó la radioterapia un mes más tarde. Se me empezó a caer el pelo. “Me miraba al espejo y veía a mi madre“.

Noe perdió la movilidad del brazo derecho. Tampoco se rindió. La recuperó yendo a nadar cada día.

En el Reto

En abril, Noe, quien siempre ha practicado deporte de forma habitual, se presentó al Reto Pelayo Vida. “Fui bastante inconsciente… me podía más la ilusión”, dice ahora sonriendo. Solo tuvo una semana para prepararse: 54 kilómetros en bicicleta y 10 kilómetros corriendo. “Ese fin de semana fue uno de los mejores de toda mi vida. Compartí la experiencia con otras mujeres y teníamos un mensaje claro: sí, se puede”.

En el mes de julio le comunicaron que estaba dentro. “Me hizo muchísima ilusión, fue un regalo súper grande, no solo para mí, sino para toda mi familia. Era un homenaje a mi madre, sobre todo por mi padre”.

Viaje a Nepal: Desafiando al Annapurna

En noviembre de 2018, Noe, junto con Cecilia, Begoña, Lorena y Silvia, viajaron a Nepal. Allí rodaron durante siete días por pistas y collados a más de 4.000 metros de altura sobre el nivel del mar, cubriendo la distancia que separa las ciudades de Tatopani y Lo Manthang, en el reino prohibido de Mustang, un lugar cerrado a los extranjeros hasta 1992.

“Fue durísimo, físicamente bestial. Eran etapas muy duras con un terreno muy abrupto. Me caí, me faltaba el aire… Acabé porque tenía claro que tenía que hacerlo“, dice de manera firme. “Pero, a pesar de todo, fue una experiencia increíble: lo volvería a hacer, ha sido el mejor viaje de mi vida“.

Un viaje compartido con otras cuatro mujeres, cuya hazaña comienza en la consulta de un médico con un diagnóstico de cáncer y acaba en el Himalaya. “Nos unimos como hermanas”, dice.

(Puedes ver el documental aquí hasta el  30/04)

La vuelta

“Volví muy cambiada. La enfermedad te cambia porque aprendes a relativizar muchísimo. Pero al volver de Nepal y ver cómo vive la gente allí, lo felices que son con tan poco… te das cuenta de lo absurda que es la vida aquí”, explica Noe, a quien le impactó la sonrisa de los niños nepalíes.

“Allí, entre montañas, me sentí tan libre. Me volví a reencontrar con mi yo más profundo. Volví a mi pura esencia, a esa niña”, dice feliz. “Cuando regresé al ritmo frenético que hay aquí lo pasé mal”, reflexiona.

“El Reto ha sido una lección de vida para mis hijos, para que no se vengan abajo, y que aprendan que de lo malo también se puede sacar lo bueno”, concluye Noe. “Ahora me siento más fuerte mentalmente y libre“.

 

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3 thoughts on “«Todas las mujeres teníamos un mensaje claro: sí, se puede””

  1. ¡¡Qué maravilla de testimonio!! Las que tenemos la suerte de conocer a Noe, sabemos que ella es fuerte, es todo eso y mucho más, una verdadera guerrera, una hermana

  2. Y eres y seguirás siendo mi gran ejemplo de lucha,superación y guerrera! Recuerdo que no sabías muy bien como decírmelo y eso que era yo la que tendría que haberte dado ánimos ati! Pero eso forma parte de ti,de tu esencia,de tu autenticidad como amiga y persona…enfin que te quiero y que no puedo estar más orgullosa de ti amiga,siempre me sorprendes…desde el 1er día que te conocí hace ya tantos años…

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